EL PODER DE UN ABRAZO

Sábado de una primera otoñal en Mallorca,
Viento, nubes y clima incierto.
Vengo de una tierra donde el abrazo es sagrado y reconozco que muchas veces me han faltado viviendo en esta parte del planeta.
En mi tierra nos damos el tiempo para sentir al otro sin miedos ni prejuicios y es natural que hasta un desconocido te regale uno por calle.

Los misterios del universo nunca dejarán de maravillarme y fue así que entre dudas e incertidumbre decidí armar mi set y empezar a cantar aunque no había casi gente y el clima no era muy alentador.
Cuando pasa eso, suelo aprovechar para tocar las canciones nuevas del repertorio y para atravesar la inseguridad, me concentro en la guitarra y me invento una burbuja para no distraerme con los pocos transeúntes que pasan.
A medida que van pasando las canciones la burbuja va desapareciendo y ya puedo empezar a ver lo que va sucediendo a mi alrededor.
Y así mientras asomaba la mirada fuera de mi burbuja,
vi como en cámara lenta se me acercaba un chico que luego descubrí me estaba escuchando desde la primera canción.

Con ojos enrojecidos y en un inglés improvisado me confeso que estaba triste,
que dormía en la calle contando los días para volver a su tierra a ver a su madre,
y me pidió si le podía cantar alguna canción que le cambiara el ánimo.
Normalmente no suelo acceder a cambiar la dinámica de mi repertorio, pero esta vez, la situación pedía a gritos un chispazo de improvisación así que ahí fui, desenvolviendo las canciones que suelo dejar para los finales de sets.

El chico volvió a sentarse en su “butaca“ vip del paseo y me observaba de lejos y aunque ya había más transeúntes circulando curiosos, para mí solo estaban él y mi misión de aliviarle su tristeza.
Los acordes las notas, las melodías y las palabras le fueron inyectando el coraje para volverse a acercar y esta vez
ya con los ojos húmedos y la vulnerabilidad a flor de piel me pidió si le podía dar un abrazo y ahí sentí, una vez más que la música es una de las cosas más sagradas de este mundo y como pude, teniendo la guitarra colgada le regale su abrazo, uno de los que creo recordare siempre y aunque Él no lo sabía, yo también necesitaba.

GRACIAS A LA MUSICA